viernes, 9 de mayo de 2014

Londres.


Las manecillas del reloj seguían avanzando. Los latidos se aceleraron y la respiración se entrecortó. Nunca creí en las casualidades hasta que te vi.

Te encontré de pie, apoyado en la esquina de Elizabeth St con Buckingham Palace Rd a las diez y media de la noche un 9 de mayo de un año cualquiera. La mirada perdida y las manos en los bolsillos. No creía que Londres podría sorprenderme a estas alturas. Me equivocaba.

Me equivocaría cada día si el resultado de tal fallo fuera encontrarme de nuevo contigo. Fueron solo unos minutos pero cuando nuestras miradas se cruzaron el ambiente se caldeo y la magia hizo su aparición estelar.

Valentía. Picardía. Eso fue lo que me falto para acercarme y decirte mi nombre. O simplemente darte un papel con mi número de teléfono. Quizás te atrevieras a llamarme. Quedáramos y escapáramos durante dos días de la presión de la rutina por las lluviosas calles londinenses. Sin nombres, sin ataduras. Así sería más fácil para los dos. Un fin de semana, una aventura clandestina y dos desconocidos. Suena realmente apetecible.

 Siempre llega el domingo y con él las despedidas. Como las odio. El marcador se pondría a cero de nuevo. Y con ello debería llegar el olvido para no acabar trastornada por los recuerdos idílicos de 48 horas de desenfreno. Deberíamos ser capaces de arriesgar. Solo así seriamos conscientes de lo que somos capaces. De cuantos amaneceres podemos permanecer unidos.

¿Sabes lo curioso de todo esto? Es que aún no te he conocido. Aún faltan tres horas para embarcarme rumbo a Londres. A las diez y veinte llego. Lo digo por si te apetece. Esta vez prometo dejarme llevar. Lo bueno aún está por llegar. Lo prometo.


Lorena Burcat.

jueves, 8 de mayo de 2014

Nos lo debemos.


A veces nos ofuscamos tratando de abrir una puerta cerrada. De continuar por un camino sin salida. Un callejón sin retorno. Nuestra creencia es tan grande que somos incapaces de replantearnos que es lo que podría llegar a  valer lo suficiente como para continuar intentándolo hasta la extenuación.

Creer que algo no es para nosotros no justifica que nos cerremos en banda. Que debamos olvidar. Darnos por perdidos. A veces encontramos algo tan, tan bueno que somos incapaz de aceptar que es nuestra oportunidad.

Por eso preferimos seguir intentándolo con imposibles. Con puertas que no se abrirán. Y que sí algún día, por casualidad, se abrieran  lo único que encontraríamos sería una habitación vacía. A veces no creer en nuestras posibilidades hace que perdamos trenes realmente fascinantes.

Así que cuando encontremos una puerta cerrada quizás deberíamos buscar una ventana por la que salir. Porque la probabilidad de encontrar es proporcional a la ilusión con la que buscamos.

Sin riesgo no hay aventura. Y aunque sea cedámonos un fin de semana para no pensar. Para volar y derrumbar los muros de contención. 48 horas. Estoy convencida que si decidimos olvidarnos del tiempo perdido y bailamos encontraremos el improbable más satisfactorio jamás soñado.


Nos lo debemos.  Solo es necesario un instante para rozar la eternidad. 

Lorena Burcat.


miércoles, 7 de mayo de 2014

INCENDIOS DE NIEVE


Después del incendio, lo siguiente es acabar en el infierno.

Provocaste nuestra caída en silencio. Programaste paso a paso mi rendición y ahora no quiero nada más de ti. Mi mente arde en deseo por tu recuerdo. Por verte un último segundo.

 Eso me pasa por tratar de retar al mismísimo ángel caído. Ni se te ocurra acerarte. No voy a volverte a ver. Aunque sangre por dentro sé que si sofoco las llamas con tus lágrimas de arrepentimiento, el siguiente paso es despertar en tus entrañas. Y no estoy dispuesta a jugármela a una sola carta.

Creo que el amor es arriesgar. Es elegir. Porque no pecamos sobre seguro. Siempre llueve sobre mojado. Y levantarse no es una opción. Pero contigo he encontrado el plan B. La escapatoria a la conjunción perfecta entre tu hielo y mi fuego. Y a sabiendas que juntos somos un espectáculo inigualable me he dado cuenta que nos merecemos algo más que seguir provocando incendios de nieve.

Porque he caído en la cuenta que encontrarnos fue la mejor causalidad que hubiera podido desear. Aun sin saberlo. Gracias a ello he aprendido que la infelicidad es una elección. La desgracia es una imposición propia. Un castigo reiterativo en el que nos acomodamos. El dolor es la mejor forma de la autocompasión.

Pensé que toparme con la misma piedra una y otra vez era fruto de mi desdicha. La realidad, es un poco más dura. Me acostumbre a ser la víctima. Creí que no había otro papel disponible para mí. Hasta que al verme reflejada en tus pupilas congeladas descubrí que solo yo provoco el siguiente paso. Cambiar de camino es sencillo, solo es necesario desearlo.


Porque al final descubrimos que el mañana es una hoja en blanco en busca de un camino. Nuestro deber, cambiar de plan tantas veces como lo necesitemos para seguir inspirándonos. Porque cada día cuenta.

Lorena Burcat.

martes, 6 de mayo de 2014

Cuestión de preferencias.


Me fascina que llueva los lunes por la noche. O entre semana. Que llueve fuerte, sin descanso. Me encanta estar al otro lado del cristal con un humeante té y arropada con la manta. Porque las tormentas hacen que flote la magia en el ambiente. Que la rutina se detenga y las preocupaciones se diluyan.

Oír repicar las gotas enfurecidas por la fuerza del viento contra mi ventana me transporta a mi infancia. A los días de verano jugando en la piscina. Salpicando a diestro y siniestro. Chapoteos acompañados de sinceras carcajadas de felicidad. Era tan simple, que aún ahora me cuesta creer la facilidad que tenemos para complicar el trascurrir de los días.

Cuando la máxima duda existencial posible era el sabor del helado que queríamos después de comer. O que era mejor, si ir a la feria o perseguir a la charanga por las calles recónditas de aquel pueblo de cuento. Quizás, si nos organizábamos para escapar corriendo tras la cena pudiéramos llegar a tiempo para no tener que aclarecer nuestras preferencias.

De aquellos días aprendí a jugarme  todo a cara o cruz. Porque realmente funciona. El truco esta en darse cuenta cual es nuestra elección mientras la moneda está suspendida por segundos en el aire. Porque aunque no todo es blanco o negro, de todo acabamos teniendo una preferencia. Porque crecemos, y la infancia se convierte en una gran enseñanza. En recuerdos que acompañan el trascurrir de una aventura diaria.

Y un día sin darte cuenta te encuentras observando en la oscuridad un sonido delicioso que silencia los problemas durante instantes. Y es en ese preciso instante en el que caemos en la cuenta que crecer es aprender a preferir. A elegir donde esta nuestro limite.


Yo aún no sé dónde está el mío. Pero por preferir, prefiero descubrirlo a tu lado.

Lorena Burcat.

lunes, 5 de mayo de 2014

Más allá del THE END.


Porque hay diálogos que salen mejor acabándolo con nexos en común. Que hay historias que se deberían repetir. Una y otra vez. Para que pudiéramos asumir cada matiz insignificante que hace de la obra una aventura delirante.

Porque a primeras todas las historias acaban con princesas rescatadas por ranas convertidas en apuestos príncipes. En la realidad hay príncipes que destiñen tras un par de lavados. Y que no hace falta que maten dragones, pero si mosquitos en la oscuridad estival. Que las borracheras hay que disfrutarlas, para poder combatir las resacas con gratos recuerdos borrosos.

Que estoy segura que aunque no nos hemos encontrado, algún día lo haremos. Y entonces nos contaremos todo aquello que callamos hasta llegar aquí. Es por eso que hay historias reincidentes que hacen que acabemos follando con  polos opuestos. Porque dormir en brazos de Morfeo puede ser delicioso. Hay pasos en falsos que traen verdaderos quebraderos de cabeza, pero sin ellos no sabríamos saborear las victorias escondidas en tu espalda. 

Algunas historias acaban cuando encuentras la otra mitad de una vida pasajera. Y aunque los cuentos brotan entre mis sabanas cada medianoche Yo sigo sin creer en los finales de película. Porque aunque nos encontremos al final de los títulos de crédito, nuestra historia continuara más allá del THE END.

Lorena Burcat.


viernes, 2 de mayo de 2014

Voces.


Pequeña. Diminuta. Inexistente.

Así es como me hacías sentir. Supongo que nunca llegaré a decirte adiós del todo. Te has convertido en un hasta luego perpetuo. En una constante en mis días. En un recuerdo que me enseña la importancia de la vida. Hay cosas que es mejor no olvidar, aunque duelan. Aunque se conviertan en un grito permanente de auxilio.

Puede sorprender que tal autoflagelación sirva para algo pero para mí tiene sentido. Me ayuda a permanecer atenta. No por no repetir los errores, si no, por no olvidar lo que realmente cuenta.

Lo que cuenta es que el dolor acaba remitiendo, y las heridas con paciencia y constancia cicatrizan. Las lecciones es mejor no perderlas nunca de vista. Porque quizás ya es tarde. No se puede volver atrás y gritar. No callar, y dejar que las lágrimas se lleven el miedo y así poder luchar. Pero se puede ayudar a que otros encuentren su propia voz. Porque de la desesperación se puede salir con las coordenadas adecuadas. No hay trucos. Ni mejores ni peores consejos. Nunca sabes cuál es la palabra que puede cambiar tu realidad. Pero seguro, que sí jamás intentas salir no volverás a ver la luz.


Supongo que desde la barrera es fácil poder escribir. Pase lo que pase siempre habrá un hombro en el que apoyarse cuando las fuerzas flaqueen. Y una mirada sincera siempre ayuda ordenar las ideas. No importa dónde estamos hoy, importa dónde nos proyectamos estar mañana. Porque la fuerza para seguir caminando hacia la libertad es encontrar nuestra propia voz y no desistir.

Lorena Burcat.

jueves, 1 de mayo de 2014

Mañana.



Como si fuera la primera gota que cae tras una sequía estival hallarme en el reflejo de aquella cafetería desértica fue la revelación más sobrecogedora.

La rutina hace que las cosas que marcan la diferencia en la vida pasen desapercibidas. El olor de un libro nuevo, el asfalto tras una tormenta de verano, los colores otoñales, la risa de un niño, los platos en el fregadero de la cena de anoche porque el postre fue de lo más interesante. Primeras veces que aunque no serán las últimas siempre serán diferentes. Miradas que redescubrirás en cada atardecer.

Todo contribuye a mejorar nuestro mundo. A veces, con las prisas olvidamos devolver una sonrisa. Ayudar a alguien que nos necesita sin saberlo. Estoy convencida de que un simple “Hola” abre las puertas a conversaciones fascinantes. Deberíamos dejarnos contagiar por el delirio colectivo y dejar de pensar tanto en el que dirán.

Porque con las prisas algunas veces perdemos el avión, el tren o nos quedamos esperando en la estación. Y la ira se apodera de nosotros, y es en momentos así donde deberíamos poder ver la aventura que el camino nos indica. Porque o se gana o se aprende. Y ya que la vida son dos días, o al menos eso dicen, mejor si los pasamos sonriendo.


Por eso verme reflejada entre las sombras de una ciudad silenciada hizo que el embrujo se intensificara y comprendiera que la verdadera belleza de las cosas es saborearlas intensamente como si jamás se fueran a repetir. Porque solo viviendo el hoy podremos disfrutar del mañana.

Lorena Burcat.