miércoles, 20 de agosto de 2014

Mundos por descubrir.


Mama siempre contaba que quien lee descubre mil mundos en solo una lineas. Que no existen fronteras, ni barreras infranqueables. Que leer es saber. Y quien sabe tiene el poder de decidir hacia donde se quiere dirigir.

Crecí entre mundos de fantasía nocturna leyendo las trepidantes aventuras de Tintin y Asterix y Obelix bajo las mantas. Iluminando las guerras de Galos contra Romanos con una linterna un tanto pobre de luz pero que permitía iluminar mi espíritu lo justo y necesario para combatir por el bien a su lado.

Un día descubrí lo interesante que era poder recrear mundos imaginarios en un trozo de papel. Lienzos en blanco para la diversión y la expermimentación. Nadie podía cortarme las alas a pintar las mayores batallas por la igualdad. 

Hace un puñado de meses, sin saber como ni porque, decidí que en el mundo "real" existen mil y una aventuras que disfrutar. Entendí que la libertad esta en poder escoger el siguiente destino a conquistar.

Hace año y medio acepté el reto de  desplegar las alas y empezar a volar. Nadie dijo que los principios fueran fáciles, pero peor hubiera sido no arriesgar. Quedarme conforme con la vida plana y monótona que se percibía al final del camino. 

Cada mañana es un nuevo desafío. Un reto perpetuo al que me fascina enfrentarme. Porque cunado cedemos parte de control a lo desconocido es cuando empezamos a conocernos a nosotros mismos.

Se que cuando sea mayor les contaré a mis nietos, si es que eso llega a acontecer, que la mayor historia que les puedo ilustrar se consigue con un billete de tren o de avión en  mano y un mapa en la otra. Que una sonrisa es la clave para abrir la puerta a cualquier nueva cultura. Y que si hay una aventura que valdrá la pena relatar en el futuro es nuestro transcurso en descubrir en que lugar acabamos encontrando el verdadero significado del hogar.

Lorena Burcat.

martes, 19 de agosto de 2014

WE LOVE JENN


Las cosas de palacio van despacio. O eso decía mi abuela. Por, eso y a pesar del retraso aquí tienes tu regalo. Sabes que somos mujeres con una vida muy ajetreada y no hemos podido llegar a tiempo, you know what we mean.

Sabemos que la distancia no se supera por mucho posts ni mensajes que nos enviemos. Pero esperamos que ayude un poco más a pasar el trago hasta volvernos a reunir en cualquier ciudad encantada.

Eres una mujer genuina. Divertida y alocada. Si pensamos en ti nos viene a la cabeza la adorable y aprensiva nerd parada a la que el capitán del equipo de futbol americano le acaba golpeando en la cabeza con el balón justo cuando ella iba distraída leyendo Orgullo y prejuicio. Fruto de ese encuentro se despierta un amor puro y verdadero capaz de superar cualquier obstáculo social al más puro estilo de Romeo y Julieta.

Quizás eso último sea un poco más improbable. Pero estamos convencidas que tu paradez algún día servirá para conquistar a tu Superman particular. Porque hay cosas en la vida que aunque no las buscamos acaban apareciendo.

Esperamos que disfrutes de esta nueva etapa. Que te emociones, te ilusiones y te apasiones con cada pequeño detalle que vivas. Porque el verdadero significado de la vida es reconocer la belleza etérea y aprender a capturarla para que en momentos de dificultad nos ayude a continuar

Desde la Inglaterra profunda, o más viene desde middle of nowhere, deseamos que seas muy feliz. Nos vemos pronto. Ojala para la próxima aventura en conjunto nos sorprendas con tu abandono del club. Sabemos que lo aprecias mucho y que quieres quedarte como la guardiana eterna. Pero creemos que ese no es el papel que te corresponde en esta obra, lo sentimos. (No Andy tampoco te vas a quedar tú, no flipes).

Un besazo enorme y disfruta de nuestro pequeño homenaje.




¡Te queremos!


Andy Roa y Lorena Burcat.

lunes, 18 de agosto de 2014

Love is a losing game.


Solo hay un juego al que por mucho que probemos nunca acabamos venciendo.

Un juego complicado en el que cada partida es volver a empezar. Regresar al punto inicial de salida. 

Un juego donde unos se comen una y cuentan veinte, otros van de oca en oca y tiro porque soy idiota y otros deciden quedarse eternamente perdiendo el turno.

Un juego arriesgado donde salir mal parado no es una opción viable. Lo es todo.

Un juego que engancha. Que crea una maldita adicción que nos hace sentir vivos. Hace que la adrenalina nos invada y que los pensamientos se nos nublen. Permite que la coherencia se diluya y que en nuestra mente se instale indefinidamente nuestra niña interior kamikaze.

Un juego que no entiende ni de edad, ni de sexo, ni de religión. Vayamos donde vayamos existe. Nos persigue como una pandemia que arrasa con todo lo que toca a su paso.

Un juego que siempre persistirá. Por mucho que intentemos huir de el. Por mucho que creamos que vamos un paso por delante. Que jugamos con ventaja. Creemos que por haberlo intentado tantas veces y perdido la gran mayoría lo controlamos. Seguramente este es el único juego en la vida con el que el dicho de " O se gana o se aprende" no cuenta. 

Un juego poderoso y que a pesar de que duela algo muy positivo ha de tener para que sigamos persistiendo y repitiendo hasta la extenuación. 

Porque el amor es el único juego que sabes que vas a perder de antemano y aun así sigues jugando.

Lorena Burcat.

viernes, 15 de agosto de 2014

Contigo.


Las cosas buenas de la vida ni se compran ni se venden. Se comparten.

Pero soy de las que ODIO, en mayúscula y en negrita, compartir la comida. Y ya no hablemos del postre. Más si es brownie de chocolate casero. Ni la cama. Demasiado agobio. Ni los atardeceres. A solas con un buen vino y un mejor libro. Rozando con la yema de los dedos la escurridiza arena de cualquier playa desierta.

Aunque contigo hago una excepción. Porque eres la excepción que confirma mi regla.

 Contigo compartiría el helado de chocolate en la playa. Un helado que se derretiría mientras me embeleso mirando la mezcla tan genuina del mar en el horizonte y el tacto de tu barba al besar mis hombros. Un helado a lametazos insinuantes que nos abriera el apetito de algo más salvaje.

Contigo compartiría la cama. Y aunque es verano y hace calor dormiríamos abrazados. Sudorosos tras un polvo descomunal. Compartiríamos sueños, miedos y frustraciones. Y eso significa mucho más que unos centímetros de sabanas.

Contigo compartiría los amaneceres tras prometedoras noches infinitas.

Así que sigo  pensando que contigo sería capaz de compartir las cosas buenas de la vida. Mis imprescindibles solitarios. Mis delirios más ocultos.  Contigo no habría reparo.

Y sin embargo aquí sigo. Viendo anochecer desde mi cama aferrándome a las galletas de chocolate como tabla de salvación con el mar como fondo de pantalla y contigo bien lejos de mí.


Lorena Burcat.

jueves, 14 de agosto de 2014

En tierra de nadie.


Dicen que al viajar te encuentras por contraste. Que crecer es aprender a despedirse. He cerrado tantas puertas y he abiertos tantos nuevos horizontes que ya no sé dónde me acuesto. Ni donde voy a descubrir mi nuevo destino. Sé que esto es solo una zona de paso más. Un lugar puente que conecta con mi próximo destino aún incierto.

Es fascinante cuán rápido me adapto a las nuevas emociones. A las calles que aunque parecen que siempre cuentan las mismas historias siempre te permiten descubrir significantes aventuras.

Me entristecía saber que podría seguir avanzando por las inmensidades de estas nuevas realidades pero que nunca tendría un punto de retorno. Un hogar al que volver y refugiarme. Cuatro paredes que se convirtieran en pilares donde fomentar mi libertad. Viajes que siempre tendrían destino de vuelta. Regresos placenteros que me ayudarían a dar un paso más allá. Porque pasará lo que pasará siempre estaría ahí para mí.

Me equivoque. Soberanamente. Había un pequeño detalle que no tuve en cuenta. Un minúsculo matiz que cambió el significado de aquel discurso ofuscado.  La realidad se tornó diferente cuando entendí que al final moriré en tierra de nadie.

Y a todos nos pasará lo mismo.

Porque no pertenecemos al nido en el que nacemos sino al cielo en el que aprendemos a volar.


Porque ahora sé que vaya donde vaya puedo construir mi hogar. Envejecer con el conocimiento de que cada atardecer es un refugio para el próximo despertar. Porque vayamos donde vayamos siempre nos tendremos a nosotros mismos. Y que pase lo que pase la luna es la misma en cualquier lugar. Y eso nos da la seguridad de que una nueva aventura esta por empezar. 

Lorena Burcat.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Un montón de nada.


Hay momentos que marcan un antes y un después en nuestro recorrido sin que seamos conscientes de ello. Instantes sin retroceso que nos permiten dar saltos equitativos a nuevas realidades. Hay noches memorables. Luego está la noche.

Aquella noche construimos las estrellas a base de  cálidas caricias. Les dimos vida. Las encendimos y las colgamos en el firmamento para que otros pudieran iluminar sus apasionantes veladas con ellas. Apagamos a besos nuestras preocupaciones. Nos deleitamos recorriendo todas las posibilidades de aquella habitación. Memorizando cada suspiro, cada gemido. Intentando que el tiempo se volviera impasible y no avanzara. Rogamos para que nuestros miedos se disiparan.

Sabíamos de antemano que era el final. Ninguno de los dos nos atrevíamos pero poco podíamos hacer por salvar el silencio sepulcral que se había instaurado en nuestras vidas. Las emociones empezaron a congelarse. A esfumarse. Sabíamos que habían opciones pero ninguno de los dos estuvo dispuesto a luchar por ello. Nos aferramos el uno al otro en un último viaje hasta el séptimo cielo. Ida y vuelta. Y entre lágrimas silenciadas caímos presos en manos de Morfeo.


Como siempre se nos pegaron las sabanas y llegamos tarde a nuestro particular apocalipsis. 

Y aquí estamos. Mirando al existencial vacío sin saber que hacer solamente rodeados de un montón de nada.

Lorena Burcat.

martes, 12 de agosto de 2014

A cámara lenta.


Hay días en el que todo sucede a cámara lenta. Nos movemos inconscientes repitiendo patrones ocultos. Revelando ante los ojos del mundo cuan preciado es el aire para nosotros.

Sin querer somos capaces de recrearnos en sonrisas de niños. Ilusionarnos en miradas perdidas. Siendo incapaces de ver la fingida alegría de aquellos que se marchan. De lo que emprenden un largo camino hacia lo desconocido siendo conscientes de que no regresaran. Y aun así lo hacen.

Se atreven con todo. A dejar aflorar sus sentimientos fuera de su área de control. Se permiten volver a empezar corriendo el riesgo de nunca acabar. Porque la vida en sí misma es una aventura sorprendente de la que hemos de disfrutar. Enroscarnos en avenidas sin salidas. Dirigiéndonos por carriles en contra sentido. Cediendo. Dejando que nuestra sensatez tome un respiro. Hacer una alto en el camino para contemplar el futuro destino. Replantearnos cuál va a ser el próximo paso. Permitirnos contemplar la realidad desde otro punto de vista. Sentirnos frágiles ante la inmensidad del universo y a la vez extremadamente poderosos. Poderosos de ser los únicos artífices de descubrir donde despertaremos mañana.

Porque las cosas que realmente merecen la pena vivir son las que te permiten que tus emociones se intensifiquen. Aquellas que hacen que la vida se detenga durante un instante para saborear cada nuevo recorrido. Aquellas que aun sin ser nuevas siguen sorprendiendo y maravillando.


Al fin y al cabo lo que realmente le da el valor a la vida es sentir que podemos abrazar la libertad. Permitirnos descansar en brazos de Morfeo y dejarnos llevar. Descubrirnos contemplando el milagro de los sueños en retroceso. Sabiendo que nada es imposible mientras estemos dispuestos a alcanzar velocidad a pesar de que vivamos en una carrera continua a cámara lenta.

Lorena Burcat.